El FÚTBOL, LA ILUSIÓN. SEGUNDA PARTE

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Como les decía en la primera parte de esta crónica mi primer entrenamiento en Audax Italiano  fue de acondicionamiento físico  a cargo del Profesor Fernando Orellana,  muy exigente , serio  y tremendamente estricto  no le gustaba  ni un asomo de indisciplina y si aparecía un mínimo de ésta  significaba, aumentar la cantidad de  abdominales en series de 100, fácilmente en 5 minutos podíamos llegar a los 500   aumentar los tiempos de cross por el interior del complejo de 15 minutos   hasta casi una hora  junto con trabajo de pierna en salto de valla, pero no importaba estaba cumpliendo un sueño , de estar en una serie cadete (en ese tiempo  era Tercera Infantil A) profesional  como el cuadro itálico.

Antes de terminar diciembre y cerca de navidad, mi mamá me acompañó a un entrenamiento y habló con el jefe técnico de Cadetes  de Audax Italinano, Rosauro Parra,  y ella le pregunta  que necesito en cuanto a implementos deportivos para poder jugar, y le dice que se requiere de zapatos de fútbol, medias, canilleras,  camiseta acolchada, rodillera y guantes (yo había quedado  de arquero).  Mi hermana mayor, le pasó en esos años a mi madre unos $7000  de la época y nos fuimos de La Florida  hasta el sector de Recoleta (desde el sur de Santiago hacia el norte, atravesamos toda la ciudad) donde se encontraba una tienda especializada en todo tipo de artículos deportivos- La Casa del Deporte- gracias a esto me compraron lo que necesitaba, todavía recuerdo mis primeros zapatos de fútbol – unos Adidas negros con huinchas perpendiculares al largo del zapato de color amarillo con estoperoles plásticos  intercambiables , para mí era lo máximo algo que hasta ese momento era inalcanzable, en mi casa  mi hermano del medio se molestó, pensando que era un gasto excesivo( el sueldo mínimo era cercano a los $11.000) y que me estaban incentivando para que no estudiara, mi papá no puso buena cara, pero el apoyo incondicional  de mi hermana  y en segundo lugar de mi viejita, la oposición fue neutralizada.

Luego de navidad del 83 llegué con todos mis implementos nuevos  para entrenar  y mi entrenador se da cuenta, se alegra y me dice se portó bien el viejito pascuero.

Desde fines de diciembre del 83 hasta febrero del 84 tuve que aprender a jugar al arco, a volar, a atajar, salir a cortar centro, puñetear y salir jugando con los pies cuando mi defensa era superada, compartía el arco  un chico de apellido Elgueda (no recuerdo su nombre) y con Marcelo Peñaloza que era el titular era muy bueno, llevaba más tiempo que yo en Audax Italiano.

Terminando el verano del 84 vamos a un torneo a San Bernardo con dos series cadetes (3°A y 3°B infantil) nos enfrentamos a Magallanes, Cobresal –filial Maipú- Cobreloa-filial Maipú y por último,  a la Escuela de Fútbol de Savory,  de este campeonato tengo 3 recuerdos muy nítidos, el primero de ello  el partido contra Savory – en el fútbol se habla de las tres g (ganar, gustar y golear) y aquí superamos todas las expectativas, ganamos 23 a 0, yo me aburrí literalmente nunca toque la pelota y le pedía a mis centrales que la devolvieran hacia mí para poder tocarla, y mis compañeros no lo hicieron, lo segundo  ganamos todos los partidos y por último perdimos   la final contra  Magallanes en un partido  muy sucio de parte de ellos, el entrenador mandaba a golpear a los nuestros incluso sin pelota, tenían  buenos jugadores de buena técnica y pegada, pero seguían las indicaciones  de su entrenador, entre ellos estaban dos jugadores que cumplían con el requisito de pegar  sin pelota, uno de ellos apodaban el “mula” y el otro el “gitano” (usaba un arito en su oreja derecha),  hasta nuestra defensa salió lesionada,  el stopper nuestro el negro Mozambique (Henríquez)  cojeaba al termino del partido, nuestro entrenador dijo esto lo vamos a revertir con fútbol y fuerza en el Quilín( en ese entonces era un complejo deportivo destinado a los  campeonatos  de cadetes, hoy sigue existiendo, pero se destina a las  oficinas central del fútbol profesional ANFP (Asociación Nacional  de Fútbol Profesional) y el INAF- Instituto Nacional del Fútbol-.).

Hacia marzo de ese mismo año nos informan que tenemos que ir al centro de Santiago  a la calle Erasmo Escala casi esquina Cienfuegos  a inscribirnos  cada uno como jugador del club- aquí funcionaba la antecesora de la ANFP, ACF (Asociación Central de Fútbol), teníamos que estar puntualmente y con una foto tamaño carnet- todavía conservo ese carnertde jugador de AudaxItaliano, con este acto sentía que estaba cumpliendo un sueño y que éste  se materializaba cada día.

Aprendí a jugar, eran muy rápido y con gran resistencia física- además practicaba atletismo en el colegio y fútbol , pertenecía  a la selecciones  de ella, por lo tanto, no era extraño para mí  exigencia física, a nuestro entrenador (Rosauro Parra) no le gustaba tres cosas, reclamar al árbitro  y decía al árbitro no se le saludasalvo que él lo haga, hacerse expulsar por un reclamo  o por hacer justicia con su propia mano y si lo hacía se arriesgaba a una reprimenda , la perdida de la titularidad y trabajo físico extra y los jugadores  que fuesen llorones o delicados,  y esto lo aprendí, por eso no me cabe en la cabeza que algunos jugadores tengan estos comportamientos en el profesionalismo  y lo comento a mis amigos y alumnos futboleros cada vez que observo estas situaciones .

Audax Italiano era una institución sencilla de pocos recursos  y sobre todo en sus series cadetes, sin embargo, de 7 serie que competíamos  prácticamente todas peleaban los respectivos campeonatos, superando a la UC, Colocolo y  Universidad de Chile, clubes que tenía una gran infraestructura para sus divisiones inferiores.

En paralelo a esto, el año 84 fue muy  duro por todo lo que sucedía, una alta cesantía- en Santiago cerca de un 30%-, ollas comunes inundaban  en los campamentos- abundantes- y las poblaciones más pobres, el descontento hacia el gobierno aumentaba junto con su represión .

 

En lo personal tenía claro lo que sucedía y porque sucedía, dado que pese a nuestra pobreza material, conversábamos de historia de Chile sobre todo con mi padre, se escuchaba todo el día la Radio Cooperativa lo que permitía estar informado día a día y una gran biblioteca  que aumentaba nuestra conciencia de la realidad.

Dentro de esto el fútbol, era bálsamo y estar en Audax Italiano me permitía tener una vida de niño, sin embargo, el estar en el club representaba una complicación económica para mi familia, dado que mi padre estaba cesante y se dedicaba a trabajar como comerciante ambulante vendiendo paltas casa por casa en nuestra comuna, La Florida,  mi vieja se las ingeniaba, criando pollos para carne y huevo, hacía pan  para vender  y que no nos  faltara para comer, mi hermana ganaba el mínimo y mi hermano estaba recién titulado  y ganaba muy poco, y las series 3° A y B, siendo parte de cadetes pertenecían  a la escuela de fútbol del club y se cobraba una mensualidad cercana a unos $1500- que era impagable para nuestros ingresos, por eso mi madre se acerca hablar con el profesor  Rosauro Parra y le explica  nuestra situación , que no tiene como pagar dicha cantidad y que tendría que dejar de jugar, él le dice que no va suceder eso y que encontraría una solución, la solución llegó y logró que nos cobrara una cifra mínima casi testimonial  de $200  mensuales y eso religiosamente  lo pagábamos, por eso tengo un agradecimiento  inmenso hacia mi entrenador, que permitió  mantener mi sueño.

En Audax Italiano estuve casi tres años(tres hermosos años), tuve que dejar de participar  por los estudios  y lesiones, esguinces, de rodilla, líquido a la rodilla, muñecas, en  mi rodilla izquierda se me detectó que la “membrana” de la rótula estaba muy delgada y que si seguía a ese ritmo antes de los 20 años-tenía 14 años- ésta desaparecería y no habría  solución, salvo una cojera irreversible acompañada de grandes dolores, etc, sin embargo, seguía jugando por la  selección de  mi colegio claro que a un ritmo menor.

 

En el equipo itálico aprendí a jugar  y a utilizar  ciertas técnicas para imponer mi físico- no era técnico- y jugando por la selección de mi colegio ganamos el campeonato “Copa Paul Harris” el año 87 y de aquí recuerdo una anécdota: me encontré como rival  con un compañero de Audax , no recuerdo su nombre si su apodo: el pingüino- por su forma de caminar- jugaba de 9 era muy bueno técnicamente pero delicado y muy ligero de genio  cuando lo tocaban, yo de sttoper (5) y comencé “ablandarlo”, le sacaba la pelota con fuerza y le daba su toque con pelota en los tobillos y que el árbitro no veía,  esto lo hice como tres veces y en una de esas me da una patada sin pelota y el árbitro le saca tarjeta amarilla- el pingüino era para mí el único jugador de peligro del otro equipo- y le digo a mi compañero  libero y le digo lo tengo listo y cambiamos de posición, el de stopper y yo de libero, hace lo mismo que yo pero, no le respondas sin pelota, y lo hace al poco rato reacciona contra él  y sale expulsado y me dice: “Vargas me hiciste expulsar “y creo que me preguntó por mi   familia completa , luego les dije a mis compañeros ahora a jugar bajo nuestras condiciones y ganamos  fácilmente. Bueno anécdotas  como estas tengo varías, pero dan para una crónica completa.

Cuando estaba dando mi prueba de Aptitud Académica  quería estudiar  Educación Física  e Historia-mis dos pasiones-  y por mi lesión a la rodilla izquierda me hizo desistir, inclinándome por pedagogía en Historia y Geografía que disfruto a concho, pero que no me ha   alejado del fútbol.

Esta crónica se la dedico a mis compañeros de Audax de mi tiempo, Castañeda, Peñaloza, Henríquez (Mozambique), Pereira, Leiva, Campos, Elgueda, Rocuant,  Aguirre,  Mella, Basaure, Carrasco, Donoso y todos los tiburones y pingüinos – no recuerdo sus nombres, a mis profesores en especial a Rosauro Parra también, Fernando Orellana, Luis Gómez, Lorenzo D”Amonne y Roque Mercury.

De Audax Italiano  guardo un gran cariño y le doy las gracias por haber permitido tener por medio del fútbol  tener una linda ilusión a un niño como yo.

 

PROFESOR JUAN CLAUDIO VARGAS CORTÉZ

PANELISTA Y COMENTARIASTA DEPORTIVO

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