Superclásico: Se les fue de las manos

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Garcés y Herrera regalaron goles en el Superclásico. El Halcón recibió apoyo de Guede y Mosa. Herrera admitió su error.

Ambos terminaron de rodillas. Literalmente. Buscando alguna explicación para sus errores, inesperados para dos arqueros con sus trayectorias, que incluyen participaciones en la Selección y varios partidos internacionales a nivel de clubes.

Paulo Garcés y Johnny Herrera fueron los villanos del Superclásico. El orden está dado por la cronología de sus equivocaciones, que les costaron goles a albos y azules. Y también por la suma de desaciertos, en la que el Halcón también sale peor parado que su colega estudiantil.

Garcés llegó a Ñuñoa con la mochila de su yerro ante Deportes Iquique, que también derivó en un gol en contra del equipo de Pablo Guede. El nerviosismo se le notaba desde el comienzo. Lo denunciaba la serie de ritos que realizó antes del inicio del partido: llegó a su arco, se encomendó, pidió un balón, tomó agua, golpeó la línea de meta con las manos y esperó inmóvil el inicio del juego, momento en el que cerró ambos puños.

Aún así, en el comienzo, el arquero formado en la UC realizó un partido correcto. Cuando tuvo que jugar con los pies, recordó el revés que en Iquique y recurrió a la simpleza, al rechazo fuerte y frontal. Pero, en los 24’, tuvo una pésima salida frente a Felipe Mora. El ex audino lo eludió y habilitó a Sebastián Ubilla, quien abrió la cuenta. Esa falla, al menos, no lo amilanó, porque ocho minutos después estuvo notable para sacarle un zurdazo a Sebastián Ubilla. El gol de Octavio Rivero, en el cierre del primer tiempo, le sirvió para descargar tensiones. Lo gritó con todo.

La reserva anímica le alcanzó para el inicio del complemento. En los 56’, cortó con lucimiento un centro de Franz Schultz para Mora y, cuarto minutos más tarde, contuvo con seguridad un remate del porteño.

La tragedia se desató seis minutos después. Después de un suave cabezazo de Mora, que parecía haber controlado, el balón se le escurrió de las manos e, inexplicablemente, terminó ingresando en el arco. Los albos no entendían qué estaba pasando. Miraban hacia el arco, incrédulos. A Julio Barroso se le vio molesto, desencajado, reclamando hacia el suelo. Luis Pedro Figueroa se tapó la cara con la mano izquierda en señal de decepción. Jaime Valdés optó por la solidaridad e intentó levantar a su compañero, quien estaba destruido. Garcés se lamentaba, se llevaba las manos a la cara, agachaba su cabeza y miraba al vacío buscando alguna razón para el suplicio que vivía.

En los vestuarios, al menos, recibió respaldo. Guede lo ratificó en la puerta alba. “Solo queda apoyarlo, entrenar y seguir jugando. Garcés entrena bárbaro, trabaja y es un súper profesional. En el segundo gol nuestro Johnny (Herrera) también falló, y ¿tú crees que él se quiso equivocar? Paulo Garcés seguirá atajando”, dijo el DT. Mientras, Aníbal Mosa, presidente de Blanco y Negro, aseguró que la renovación del contrato del golero no corre peligro. “Lo apoyamos y el cuerpo técnico, también. Va a salir de este momento y tenemos toda la confianza en él. Este no va a ser un problema para renovarle ahora en julio”, dijo el directivo. Hasta en la trinchera rival se cuadraron con el. “Lamento lo que le pasó, porque es un compañero de profesión”, dijo Jean Beausejour.

El seleccionado también respaldó al otro antihéroe de la jornada: Herrera. En los 75’, el capitán azul quiso detener con cierta suficiencia el disparo de Octavio Rivero, pero terminó oponíéndole nula resistencia al remate y terminó recibiendo un gol impropio de su categoría, quizás el principal aval para no recibir críticas categóricas de sus compañeros ni menos de los hinchas, a quienes había respaldado después de los incidentes en Brasil. El mismo Beausejour, quien mostró lástima por el desastre de Garcés, salió a respaldarlo. “Hablé con Johnny y él le ha dado campeonatos a esta institución, gana partidos y campeonatos, lo que pasó no mancha la figura que es”, dijo.

Eso sí, Herrera, a diferencia de Garcés, quien se sumió en la tristeza y no habló después del partido, dio la cara. “Fue una jugada desafortunada de mi parte. Un accidente en el fútbol que, ni siquiera entrenando, en mi vida me había pasado”, dijo. Asi se cerró la triste jornada de dos arqueros consagrados que terminaron cometiendo errores que sólo podrían justificárseles a un golero en formación.

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