Los niños de la Roja vuelven a clases

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La escena es hipotética. O no tanto. Chile acaba de disputar un partido decisivo y le fue bien. La salida de sus jugadores es esperada por los medios de comunicación, pero los futbolistas no tienen deseos de hablar. Salvo algunos casos, no lo hacen. Optan por pasar en fila, escuchando música en sus audífonos y suben al bus. Los hinchas se quedan con las ganas de escucharlos. Ni hablar de lo que pasaría en una eventual derrota.

En el futuro cercano, la situación podría cambiar. Habrá respuestas y ni siquiera tan improvisadas, monosilábicas o cargadas de lugares comunes. Hace ya meses responden a una estructura comunicacional que está en pleno desarrollo y que pretende cambiar la relación entre seleccionados y entorno. El proceso parte con los más chicos.

En Quilín, y especialmente en el complejo Fernando Riera, donde trabajan las selecciones menores, ya aplican el Manual de Imagen y Comunicaciones de un Seleccionado Integral. Así se denomina el trabajo desarrollado por la periodista Waleska Fuchslocher. También participa el fotógrafo Álvaro Inostroza. El documento de 10 páginas busca optimizar los comportamientos de los jugadores de la Roja. Fuchslocher lo resume: “El objetivo es que el futbolista hable siempre, independientemente del resultado”.

Por el momento, la asesoría se ha realizado sólo con juveniles. El alto perfil y la incierta disposición de los consagrados torna impensable usarlo en la generación que lideran Arturo Vidal y Alexis Sánchez. La idea es que los futuros cracks adquieran conciencia de su rol público.

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